jueves, 3 de diciembre de 2015

Operación en(des)cubierta. (Parte 1)

Era verano. El calor había invadido la ciudad como no lo había hecho en años. Parte de la gente se apresuraba a refugiarse en sus casas donde el aire acondicionado o quizá el frío del refrigerador pudiera darles un descanso de aquella pesada sensación que no les daba una pausa desde hacía tres días. Otras personas, por el contrario, aprovechaban a pasear, siempre cargados con una botella de agua y vestidos con ropa fresca. Se podía ver fácilmente quién desentonaba en las calles de Gallep, solo había que fijarse en aquellos que no llevasen el equipamiento casi reglamentario de esos tórridos días.
Cuando Jean-Luc llegó a Gallep no podía imaginarse que las temperaturas fuesen tan extremas. Llevaba unos pantalones largos y una camisa azul clara de manga larga, sentía que la gente lo miraba cuando pasaba. Si hubiese llegado durante el día habría buscado lo antes posible una sombra en la que refugiarse del asfixiante calor, sin embargo ya había caído la noche y los termómetros aún marcaban cuarenta y dos grados. Miró el reloj, quedaban apenas siete minutos para que este marcase la hora convenida para la reunión, así que debía darse prisa. Caminó lo más rápido que pudo y, si bien en otras circunstancias no habría manifestado un comportamiento tan sospechoso, atravesó el gran arco que señalaba la entrada del parque prácticamente corriendo. Había decidido obviar que todo el mundo lo miraba hasta ese momento, pero en el parque debía despistar las miradas para poder llevar a cabo la reunión de la forma más secreta posible. En el parque no había demasiada gente, así que con tres o cuatro giros bruscos en los cruces de los distintos caminos que atravesaban el parque, logró deshacerse de toda persona a su alrededor. Se dirigió al punto de encuentro, pero allí no había nadie. Entonces, se acercó al banco que, refugiado por unos matorrales, había sido elegido como el lugar más apropiado para un encuentro de esa índole, y encontró una nota en la que ponía: «La discreción no es tu fuerte. Como has llamado demasiado la atención me veo obligado a cambiar la hora y el lugar de encuentro. Nos vemos a las 2.07 a.m. en la estatua del antiguo alcalde. No llames la atención y, sobre todo, no llegues tarde».  
Jean-Luc salió del parque con tranquilidad. Si no le había gustado la idea de reunirse en un lugar oscuro a las once de la noche, menos le gustaba la idea de hacerlo a las dos de la mañana. Con la misma calma con la que había salido del parque, fue hacia el hotel que había reservado. Tuvo que esperar largo rato en recepción porque, aunque había anunciado que llegaría durante la noche, esa no era la habitual hora de llegada de los clientes. Una muchacha rubia de aproximadamente veinticinco años llegó a atenderlo.
-          ¿Nombre? – preguntó.
-          Rivera, Pietro Rivera – contestó Jean-Luc con un acento forzado que trataba de imitar el italiano mientras sacaba un carnet de la cartera.
-          Bienvenido a nuestro hotel, señor Rivera. Veo que su estancia será únicamente de una noche, ¿es correcto?
-          Así es, señorita.
-          De acuerdo, su habitación es la 658, tal y como usted especificó, en la sexta planta con vistas al parque. El desayuno se sirve en el comedor a…
-          Muchas gracias – interrumpió Jean-Luc que cogió su llave y se alejó.

Jean-Luc subió a la habitación por las escaleras. Nunca había confiado en los ascensores y pensaba, además, que las escaleras ofrecían un gran ejercicio cardiovascular del que la gente que abusaba del uso de dichos aparatos era privada. Al llegar a la sexta planta se encontraba ligeramente fatigado, no tanto por la actividad como por la temperatura que ni siquiera el fuerte aire acondicionado del hotel lograba mitigar. Abrió la puerta cuidadosamente al mismo tiempo que sacaba una pistola del bolsillo interior de su chaqueta, y entró. Con la pistola empuñada y preparada para disparar en caso de que hubiera alguna visita inesperada esperándole en el interior de la habitación, comprobó cada rincón meticulosamente. Empezó mirando en el baño, tras las puertas, en el interior de la bañera. Después comprobó el resto de la habitación, primero los armarios y finalmente bajo la cama. Cuando tuvo la certeza de estar solo, sacó unos prismáticos de su mochila y los dejó sobre la mesa que había junto a la ventana. 

sábado, 26 de septiembre de 2015

¡Charlotte, Charlotte! Juegos del destino (Cuarta parte)

-          Yo hice lo que me pediste, Charlotte, por mucho que me pesase. Cesé en mi empeño de verte, aunque sin ti mis días se volvieron las noches más lúgubres y tenebrosas, y mis noches se volvieron pesadillas tormentosas que acrecentaban mi preocupación por ti. No obstante, a pesar de que yo mantuve las distancias y evité ir a la cafetería o frecuentar el teatro, la vida no tardó en hacer que volviéramos a encontrarnos. Supongo que podríamos decir que fue el destino, porque si una cosa puedo afirmar después de todo este tiempo es que nuestras vidas estaban destinadas a cruzarse continuamente pero nunca a seguir el mismo camino.
La fortuna nos sonrió en ese encuentro, pues ambos nos hallábamos lejos de casa. Cuando te vi no podía creer que estuvieses ahí y sentí el impulso inmediato de acercarme a ti y decirte de todas las formas posibles cuánto te había extrañado. Sin embargo, temía que siguieses en tu empeño de mantenerme lejos de ti y decidí no aproximarme. Entonces te giraste y, al verme, corriste hacia mí y me abrazaste. «Gracias» susurraste, te pregunté por qué y me respondiste que te había infundido el valor necesario para atreverte a intentar tu sueño, que por eso estabas allí aquel día.
Recuerdo los días en esa ciudad como unos de los más maravillosos de mi vida. Después de recibir aquel cálido abrazo, obtuve el coraje para invitarte a un café en un establecimiento que había en el parque, junto al estanque de los patos. Tras eso paseamos durante horas, tú ibas agarrada de mi brazo y yo volvía a tener la sensación de estar soñando. ¡Qué maravillosa y efímera sensación! Tú sonreías constantemente, parecías igual de feliz que yo. Nunca antes te había visto tan feliz como en ese momento y en ese lugar y creo que jamás volví a verte así.
Aquella noche, cuando te dejé en la puerta de tu habitación del hotel finalmente me atreví a darte el beso que tanto había codiciado. Fue un beso suave, temeroso de ser rechazado pero a la vez osado, tímido pero impulsivo. Y tú, ¡oh, Charlotte!, tú no te apartaste, sino que lo correspondiste con esa misma suavidad, timidez y osadía que yo había empleado.  Fue el mejor beso de toda mi vida, te lo aseguro.

Sara, la enfermera del señor Coetlles, se hallaba tan prendida de la historia del anciano que ni siquiera se había dado cuenta de la hora que era. Una de sus compañeras se acercó a ella y le indicó que era la hora de que el señor Coetlles se acostase. Sin darse cuenta había pasado horas sentada junto a David escuchando la magnífica historia de Charlotte.

-          Señor Coetlles – dijo la enfermera.
-        ¡Oh, Charlotte! ¿A qué se debe tanta formalidad? No me llames así, por favor, me partes el corazón.

-          De acuerdo, David… Es hora de que se acueste, pero le prometo que mañana volveré para que me siga contando la historia de… - se quedó pensativa, sabía que el señor Coetlles reaccionaría mal si afirmaba que ella no era Charlotte – para que me siga contando nuestra historia. 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Nominación al premio Liebster por Viri Villareal

Muchísimas gracias a Viri Villareal por esta nominación al premio Liebster. Os pongo aquí el enlace de su blog: http://virivillarreal.blogspot.com.es  
Yo no conocía su blog hasta esta nominación.  Es muy completo y trata temas muy diversos, ¡os lo recomiendo! :)
Requisitos fundamentales: Seguir al blog que te nomina, responder a las 11 preguntas y nominar a 10 personas con menos de 200 seguidores (creo que eso es todo). 

Mis respuestas: 
1. ¿Cómo te defines?
Supongo que me definiría como alguien alegre y con un ligero afán de cambiar el mundo. Siempre he sido una soñadora, imagino que de ahí mi pasión por los libros y por todos los mundos que te ofrecen. 

2. ¿Qué es lo que no podría faltar si estuvieras en una isla desierta?
(Asumiendo que tenga comida y agua potable) 

3. ¿Cuál es tu canción preferida en este momento?
Mi canción favorita ha sido durante años "Tacones baratos" de Huecco, por alguna razón siempre me saca una sonrisa. Aparte de esa hay muchísimas canciones que me gustan y que quizá puedan tener más significado como "No matter what" de Papa Roach. 

4. ¿Dónde te gustaría verte en 10 años?
Me gustaría estar en Francia, ya sea en la Francia metropolitana o en las islas, o sino en Canadá como profesora de español. Quisiera tener tiempo para escribir y quizá haber sido capaz de publicar algo para entonces. Además de eso me gustaría empezar a formar una familia. No sé, supongo que lo habitual.

5. ¿Cuál es tu género preferido (libros y películas)?
Para los libros me gustan los de misterio y los que tienen que ver con realidades sociales. También me apasiona la novela histórica. Como ejemplos de los que más me han gustado de esos géneros: 
De misterio y espionaje no sabría elegir, el último que leí fue Marathon man que me encantó, pero el final no me resultó tan espectacular como el resto del libro. De realidades sociales está mi libro favorito Matar un ruiseñor de Harper Lee. Una historia autobiográfica maravillosa que plasma cómo era la sociedad estadounidense del siglo XX.De novela histórica quizá uno de los que más me han gustado sea Iacobus de Matilde Asensi.
Con respecto a las películas me gustan mucho el género fantástico y las distopías. Sin embargo, mi película favorita es "Dragonfly, la sombra de la libélula", que es un drama.

6. ¿Cómo se te ocurrió el nombre de tu blog?
En principio iba a ser un sitio donde poner mis pensamientos y Azarie es mi pseudónimo cuando escribo, de ahí El diario de Azarie. Al final acabó teniendo un contenido muy diferente del que había pensado en primera instancia, pero creo que el resultado es mucho mejor así.

7.¿Por qué decidiste hacer un blog?
En un primer momento solo quería desahogarme, pero lo acabé dejando de lado. Dos años más tarde lo reabrí con otras expectativas, una intención de escribir historias y que la gente las pudiese leer. Mi aspiración en todo momento desde que lo reabrí ha sido poder conseguir que alguien disfrute leyendo lo que escribo, con eso tengo más que suficiente. 

8. Recomiéndame 5 blogs (tus preferidos)
¿Solo 5? Es muy difícil elegir...
http://elmundodeicarina.blogspot.com.es/
http://jaimefgonzalez.blogspot.com.es/
http://www.esbozoimperfecto.blogspot.com.es/
http://michelerodriguezescritora.blogspot.com.es/
http://amano-amada.blogspot.com.es

9. ¿De qué te gusta escribir más en tu blog? 
Las historias que surgen en mi mente.

10. ¿Cuál es tu libro favorito?
Como ya he dicho arriba, es Matar un ruiseñor de Harper Lee. Mi saga preferida, para añadir algo de información extra, es "El cementerio de los libros olvidados" de Carlos Ruiz Zafón. 

11. ¿Novio literario?
No sé muy bien a qué te refieres con esta pregunta, no sé si quieres preguntar por un personaje masculino  de un libro o por si tengo un novio que está en el mundillo. Si es lo primero... no tengo ninguno. Si es lo segundo, mi novio escribe poesía. Supongo que es una de las razones por las que nos complementamos ^^.

Yo nomino a:
1. http://comoenchernobyl.blogspot.com.es/ 
2. http://adrianmurciano.blogspot.com.es/
3. http://jaimefgonzalez.blogspot.com.es/
4. http://balagar-eldesvndebalagar.blogspot.com.es/
5. http://deliriodeunamariposa.blogspot.com.es/
6. http://elseismodeunalmasinvoz.blogspot.com.es/
7. http://adropinthedesert.blogspot.com.es/
8. http://www.esbozoimperfecto.blogspot.com.es/
9. http://amano-amada.blogspot.com.es/ 
10. http://comoescapardeloszombies.com/

Preguntas que debéis responder:
1. ¿Quién es tu mayor inspiración?
2. ¿Poesía o prosa?
3. ¿Qué género literario prefieres?
4. ¿Qué libro ha causado mayor impacto en tu vida?
5. ¿A qué te dedicas o quisieras dedicarte en unos años?
6.  ¿Por qué creaste tu blog?
7.  ¿Hace cuánto tiempo que escribes en él?
8. ¿Dos blogs literarios que te gusten más que el resto?
9. Si pudieses cenar con tres autores, filósofos u otros personajes célebres, ¿a quiénes eligirías?
10. ¿Alguna vez has dejado un libro a medio leer? ¿Cuál y por qué?
11. Normalmente todo libro es mejor que la película, ¿se te ocurre algún caso a la inversa?



miércoles, 29 de julio de 2015

Las flores de Blanca.

Pude sentir su aroma. Como de costumbre había utilizado más perfume del necesario e iba dejando un rastro fácilmente distinguible. Esa era una de sus mejores cualidades. A veces creía que lo hacía a propósito con la intención de que yo pudiera encontrarla siempre. Otras, simplemente, pensaba que le gustaba ser el centro de atención y su inconfundible aroma floral ayudaba a dicha tarea. A Blanca le encantaban las flores en su plenitud, el olor, la forma, la simple imagen de una flor. Supongo que le recordaban a ella misma; bellas y delicadas, pero a la vez fuertes.
Una vez cada dos días, Blanca iba a su jardín y recogía un nuevo ramo para colocarlo en el centro neurálgico de la sala en la que pasaba la mayor parte del día; el escritorio del despacho. Cuando se sentía triste o simplemente necesitaba pensar, contemplaba las flores y algo cambiaba en su mirada. A mí me gustaba bromear diciendo que amaba a sus flores más de lo que jamás me amaría a mí y ella, con una sonrisa dulce, me respondía que eso era imposible.
Un día, mientras caminaba por el parque, me encontré de frente con una pequeña tienda en la que había un precioso vestido de flores y no pude evitar pensar en cuánto le gustaría a Blanca. Por eso entré y lo compré. Lo habían metido en una caja que lo protegía de sufrir algún daño y al mismo tiempo hacía una incógnita de su contenido. Cuando llegué a casa, me dirigí con ilusión al despacho. Creo que no se había percatado de mi irrupción hasta que apoyé la caja sobre la mesa. Me observó con interés y yo le pedí, impaciente, que lo abriera.
Estoy seguro de que nunca olvidaré la mirada que me dedicó; no sé si se debió a que no soy la clase de hombre que tiene detalles sin que haya motivo de festejo o si fue porque no se esperaba que apareciese ilusionado por regalarle un vestido blanco de florecitas rojas. Blanca, emocionada, me dio un fuerte abrazo y corrió a probarse el vestido. Nunca la había visto brillar como aquel día.

lunes, 27 de julio de 2015

¡Charlotte, Chalotte! (Tercera parte)

Te busqué por toda la ciudad, pero fue completamente inútil pues ni siquiera conocía tu apellido. En realidad no sabía nada sobre ti, excepto que estaba enamorado de ti a pesar de que habíamos hablado apenas dos horas. Yo era uno de esos locos que creían en el amor a primera vista. ¡Cuán diferentes éramos y cuán próximos llegamos a ser! Los siguientes días iba a la cafetería con la esperanza de encontrarte y después paseaba hasta el teatro y me sentaba en un banco a contemplar el edificio, mientras imaginaba que llegabas, te sentabas a mi lado y me dejabas tocar con timidez tu pequeña y fina mano. Soñaba contigo todo el día, sin importar si dormía o estaba despierto. A veces preferimos vivir la realidad que nosotros mismos creamos en nuestra mente, en lugar de la que el resto ve.
Era domingo, la gente estaba muy bien ataviada para ir a la iglesia. Yo, sin embargo, lo estaba para ir a sentarme en una cafetería y perderme en mis pensamientos, para perderme en ti. Cuando entré, te vi y no pude sentirme más feliz. Estabas diferente, algo había ocurrido en aquellos días de ausencia. Incluso tu forma de andar era distinta. Cuando te aproximaste a mi mesa me sonreíste de forma forzada y me preguntaste distante qué quería. «¿Qué te pasa?» pregunté. «¿Qué desea tomar?» repetiste. Yo te supliqué que me explicases que sucedía, pero tú te limitaste a hacer tu trabajo como si no me conocieras. Quise creer que tras los días de ausencia sin justificar tu jefe se había enfadado y las cosas estaban tensas en el trabajo, pero esperaba que me dejaras una nota como la otra vez. Sin embargo, no lo hiciste. Salí de cafetería, la realidad me había caído como un jarro de agua fría.
Me alejé de la cafetería con un dolor punzante en el corazón y decidido a no volver a pasar por ahí. Quise irme lo más lejos posible de ti y empecé a idear un viaje, pero cinco minutos más tarde me pareció el pensamiento más absurdo de toda mi vida. Miré el reloj, en unas horas saldrías de trabajar y yo, ¡oh, Charlotte!,  yo tenía que estar ahí para que me explicases qué diantres había sucedido y dónde habías estado. Años después, con más perspectiva, me di cuenta de que debía parecer un loco que te acosaba, pero tú eras la causa de mi maldita locura.
Cuando saliste de trabajar yo te esperaba en la esquina. Me pediste asustada que me marchara y yo te supliqué que me escuchases. «Sé que crees que me amas, pero no puede ser David» exclamaste mientras tratabas de zafarte de mí. Yo te agarré el brazo y tú expresaste un gemido de dolor. Te solté creyendo que te había lastimado, pero no había sido yo.
-          ¿Qué te ha pasado, Charlotte? ¿Qué tienes en el brazo?
-          Tienes que irte, tienes que alejarte de mí. Por favor – Vi como las lágrimas comenzaban a brotar de tus preciosos ojos y me asusté.
-          ¿Qué pasa? Dímelo, por favor.
-          No puedo. Déjame – te agarré de nuevo y levanté la manga de tu chaqueta. Tenías el brazo completamente magullado.
-          ¿Quién te ha hecho esto?
-          Por favor, no vuelvas a acercarte a mí. Te lo suplico.
Corriste calle abajo, como si tuvieras miedo de mí, pero lo que en realidad temías era que te vieran conmigo. Cuando te aproximaste en  la cafetería me percaté de que llevabas la cara cubierta de maquillaje y me extrañó, pero no comprendí porqué cubrías tu belleza natural con potingues hasta que vi tu brazo. Si llevabas maquillaje no era por estética, era para cubrir los golpes.

martes, 7 de julio de 2015

Sttorybox

¡Hola!

La entrada de hoy la voy a dedicar, así como he otras veces con otras plataformas como "Asociación Blogger", a Sttorybox. Por si no conocéis la página, os informo. Es una web donde la gente cuelga sus historias, tiene seguidores, etc. Es básicamente como un blog, pero con límite de caracteres, 1111 concretamente. La cifra a mí me gusta, aunque me cuesta muchísimo limitarme a esa extensión. Sin embargo, he de admitir que hay gente que realiza en esos 1111 caracteres unas historias maravillosas que merecen la pena.
Además de la ventaja de ser una comunidad y que tu texto va a ser accesible a mucha gente sin necesidad de que andes promocionando el blog, esta página organiza concursos de textos. Este año los que entrasen entre los 100 primeros del ranking serían publicados y de esos 100 serían elegidos cinco (creo) para aparecer en la portada del libro. Yo he tenido la suerte de quedar entre los 100 primeros, en concreto en el puesto 21, aunque no me he clasificado como finalista. 
De todos modos, os recomiendo que echéis un ojo a la web porque, como os he dicho antes, está llena de historias maravillosas. Os dejo aquí el enlace ;)
http://www.sttorybox.com/stories

¡Un abrazo!

lunes, 6 de julio de 2015

¡Charlotte, Charlotte! Le rendez-vous

Eran las siete de la tarde. Te vi salir de la cafetería desde la lejanía. Quedaban aún treinta minutos para la hora que me habías indicado, pero no podía contener las ganas que tenía de verte. Sentía que debía postrarme ante ti. Sí, Charlotte, ya sé que ahora suena completamente tonto y alocado, pero algo me decía que debía ser así. Me fui en la otra dirección, temiendo que si iba en la misma que tú pensases que era un loco que te seguía y acudieses a la policía. A las siete y media te estaba esperando en las escaleras de la entrada principal del teatro. ¡Oh, cómo ansiaba verte de nuevo! Cuando apareciste con tu maravilloso vestido amarillo creí ver el sol brillando en mitad de la noche. Te acercaste y me susurraste tu nombre. Charlotte… ¡oh, Charlotte!
No sé cuánto tiempo tardó mi boca en cumplir las órdenes que mi cerebro le enviaba, pero debió ser una eternidad. Finalmente, con una voz extraña y entrecortada que distaba de ser la auténtica, logré decir «David». Me extendiste tu mano y la estreché con la mayor delicadeza que pude, como si temiera que fuese de porcelana y se rompiese al ejercer una mínima fuerza. «¿Por qué en la puerta del teatro?» te pregunté. Miraste al edificio y, antes de que me lo dijeras, obtuve la respuesta. No hacían falta palabras, tus ojos hablaban por sí solos. Brillaban, resplandecían al ver ese edificio y me di cuenta de que era tu sueño. Tenía que haber imaginado que una belleza de tal magnitud no estaba hecha para la mera contemplación de unos pueblerinos, ibas a ser una gran actriz.
No sé cuánto tiempo pasamos hablando en la puerta del teatro. Bueno, en realidad eras tú quien hablaba y yo me limitaba a escucharte. Tu voz parecía sacada del mismo paraíso, era como el canto de las sirenas que hipnotizan y atraen a los marineros y yo, yo me sentía como uno de esos pobres desgraciados que no pueden evitar saltar al agua y morir ahogados. Me contaste que trabajabas como camarera porque tenías miedo a intentar ser actriz y fracasar, y porque tenías miedo a la reacción de tu padre quien no era ningún espíritu celestial, aunque eso lo descubriría algún tiempo más tarde. Por mi parte yo te animaba a hacer lo que deseases, pues creía que un ángel tenía sus alas para volar, no para quedarse en tierra. Me mirabas como si fuese un pobre iluso que no sabía cuán dura podía ser la vida y quizá tuvieras razón. Nos despedimos un rato más tarde con la promesa de que nos encontraríamos de nuevo y me diste un beso en la mejilla. Jamás olvidaré la sensación de tus gruesos y cálidos labios rozando suavemente mi piel por primera vez. ¿Sabes eso que dicen de que los enamorados sienten mariposas revoloteando en sus estómagos? Así me sentía cada vez que estaba contigo y te juro… ¡ay, Charlotte! Te juro que jamás he vuelto a sentir algo similar a lo que tu sola presencia me hacía sentir. Nunca me había sido tan feliz como aquella noche. Nos alejamos en direcciones contrarias, yo soñaba despierto. Aquella noche al meterme en la cama no estaba seguro de si quería dormir, pues temía que si lo hacía cuando me despertase todo hubiera sido un sueño.

A la mañana siguiente el sol brillaba con mucha fuerza, me levanté de la cama con la esperanza de que el día previo hubiera sido real y con la firme intención de ir aquella tarde a la cafetería para poder volver a verte y sentarme en la zona que tú atendías. ¡Cuál fue mi sorpresa al llegar a la cafetería y ver que no estabas! Por un momento creía que estaba loco y me había imaginado todo. Me dirigí a Margarita y le pregunté por ti. Me respondió que no habías aparecido en todo el día y que tampoco habías avisado. Mi primer pensamiento en ese instante fue que debería haberte acompañado hasta tu casa, que no eran horas para que una muchacha tan joven y guapa fuese sola por la calle. Creí que te había pasado algo horrible y me culpaba por ello. 

miércoles, 1 de julio de 2015

¡Charlotte, Charlotte!

[Antes de comenzar con el texto quería pedir disculpas por el mes de ausencia. Entre exámenes, traslados y reparaciones del ordenador me ha resultado imposible actualizar el blog. Sin embargo, a modo de compensación el texto esta vez va a ser bastante más amplio. De hecho, enfrascada en la escritura de esta historia he llegado a la conclusión de que, por la extensión que va a tener, ocupará más de una entrada. Así, aunque el final no vaya a ser inminente como en el resto de historias, quizá os encontréis con un final que os satisfaga en lugar de uno tan abrupto o tan abierto. Espero que os guste la historia. Muchas gracias por dedicar vuestro tiempo a la lectura de mis textos. ¡Un abrazo!]


Había pasado años postrado en aquella silla, con la mirada perdida y sin mediar palabra. Las enfermeras lo dejaban cada día observando el jardín desde la ventana. Aunque tenía los ojos siempre abiertos, no aparentaba percibir lo que sucedía a su alrededor. Y, efectivamente, así era, hacía mucho tiempo que se había enfrascado en sus propios recuerdos, reviviéndolos una y otra vez en su mente. Mientras los días pasaban para el resto, él retrocedía en el tiempo. Cada día perdía más recuerdos. Un día una enfermera se acercó a él y cariñosamente le informó de que iba a llevarle a su habitación para que descansara. El anciano la miró, algo en ella le resultaba reconocible. Murmuró un nombre que ella no llegó a comprender, pero que en el transcurso al habitáculo del hombre el delirio de este comenzó a crecer. «¡Charlotte, Charlotte! ¿A dónde me llevas, Charlotte?» gritaba. Ella, que no conocía a ninguna Charlotte y no sabía a quién llamaba este, le decía que se llamaba Sara, no Charlotte, que era su enfermera y que lo llevaba a su cuarto para que durmiera.  «No, no. ¡Mientes! Eres Charlotte. ¿Charlotte, por qué me haces sufrir así? ¿Por qué niegas ser quien eres? ¿Es otro de tus juegos? ¡Respóndeme!» el hombre gritaba cada vez más, sumido en un estado de absoluta abstracción, y empezaba a violentarse. Sara, ayudada por un celador, logró llegar hasta la habitación y meterlo en la cama, pero él continuaba con sus súplicas, implorando a Charlotte que no le engañara, que no se marchara, que se quedase allí con él.
Sara salió de la habitación asustada por la reacción que había ejercido su presencia sobre aquel señor, pero también con una repentina curiosidad que le hacía querer saber más acerca de aquella misteriosa Charlotte. Lo primero que hizo fue ir a ver la ficha en la que figuraban todos los datos personales del paciente, pero allí no aparecía ese nombre. Después, llamó a la única hija que el señor Coetlles, pues así se llamaba, tenía, y para la sorpresa de la enfermera la señorita Coetlles tampoco tenía ninguna idea acerca de quién era o había sido Charlotte y de qué significaba para su padre. Los siguientes días, para evitar otro altercado, Sara intercambió el turno con una compañera, pero el nombre de aquella mujer invadía cada rincón de su mente y sentía la necesidad de saber más.
Había pasado casi una semana cuando volvió a intercambiar el turno con su compañera y  a encontrarse con el anciano. Él, como todos los días, estaba junto a la ventana mirando sin mirar. Sin embargo, cuando Sara se estaba acercando, él pareció sentir su presencia y se giró hacia ella clamando «¡Charlotte! ¡Oh, Charlotte! Creí que te habías vuelto a marchar. Por favor, Charlotte, quédate esta vez, no me dejes». El hombre pronunciaba el nombre continuamente, como si de esa forma fuese a convencer a su fantasía de que le hiciera caso. Sara se sentó a su lado y, cogiéndole de la mano, le preguntó quién era aquella misteriosa mujer. Él, completamente seguro de su respuesta, afirmó que era ella. La enfermera, ansiosa por saber quién se ocultaba tras ese nombre y porqué él se había empecinado en que ella era la mujer a la que llamaba, le respondió que claro que era ella, pero que para asegurarse de que era él después de tanto tiempo quería que él le contase la historia que tenían en común.


-          ¿No te acuerdas? – dijo con tono triste – Ay, yo te amaba Charlotte, pero tú te marchaste. ¿Por qué te fuiste? – Sara no respondió, esperaba que Coetlles continuase – Me enamoré de ti en el primer instante que te vi. Eras tan guapa... ¡la belleza personificada! Me pregunté cómo estarías, si estabas tan guapa con ese uniforme grisáceo que a nadie podía favorecer, con cualquier otra vestimenta. ¡Debías ser una diosa! Y no me equivoqué Charlotte, eras una diosa… o quizá todas juntas. Eras más inteligente que Atenea, más bella y deseable que la misma Afrodita, lo supe antes incluso de poder entablar una conversación contigo.
Tú atendías las mesas de una zona, pero la mía no estaba entre ellas. Me sentí tan desgraciado… ¡Ay! No sabes cuánto, Charlotte. Los siguientes días seguí yendo a la cafetería, comprobando si siempre trabajabas en la misma zona o la alternabas y tratando de reunir el valor para sentarme en una mesa que tú atendieras. No sabía qué decirte. ¿Qué decirle a una diosa? ¿Qué decirle a la más viva imagen de un ángel caído del cielo? ¡Oh! Deseaba con toda mi alma hablarte, pero no podía utilizar una frase típica, tú no eras una mujer típica. Tras un par de semanas acudiendo a tu lugar de trabajo diariamente para poder admirar tu belleza, me topé con la sorpresa de que la otra camarera había enfermado y tú debías cubrir las dos zonas. Debió de ser uno de esos juegos del destino, pues tú te acercaste a mí y con una sonrisa burlona me dijiste: «Sé que siempre viene aquí para que le atienda Margarita, pero lamentablemente hoy se va a tener que conformar conmigo». Yo no era capaz de pronunciar palabra. ¡Ay, Charlotte! No solo eras perfecta en la lejanía, sino que de cerca eras aún más hermosa, tu reluciente sonrisa me había cautivado. Me preguntaste si estaba bien y yo, tratando de encontrar algo que decir, simplemente contesté que quería un café solo. ¡Qué estúpido fui! Debiste creer que tu tono familiar me había contrariado, pero no, en realidad llamó más mi atención. Debes entender Charlotte que con mis jóvenes veinte años no sabía muy bien cómo tratar a una respetable dama como tú. No te parecías en lo más mínimo a todas aquellas muchachas con las que había tenido encuentros casuales mientras realizaba el servicio militar. Cuando volviste con mi café y con una disculpa por haber sido tan cercana, no pude evitar reírme. Me miraste atónita, con esos maravillosos ojos verdes que recordaban a las grandes praderas de mi lugar de origen, y yo te invité a que te sentaras. Dudaste, supongo que tanto por la invitación de este desconocido con actitud de loco como por la posible reprimenda de tu jefe si te veía sentada en lugar de atendiendo las mesas, pero yo insistí y accediste. Recuerdo aún las palabras que te dije porque necesité más valor para pronunciarlas del que he necesitado el resto de mi vida «Lo siento. No pretendía ser descortés. En realidad, señorita, vengo cada día y me siento en esta mesa para verla a usted, no para que me atienda Margarita. Llevaba tiempo tratando de reunir el valor para decirle que es usted la mujer más bella que he visto en toda mi vida y que me encantaría, si no le resulta demasiado atrevido, invitarla a… un café seguro que no, porque usted debe de estar harta de ese olor trabajando aquí, pero… ¿quizá a cenar?». Tú seguías mirándome con perplejidad y antes de que pudieras darme una respuesta tu jefe te llamó para regañarte. Te levantaste y me respondiste un único «Lo lamento. Me encantaría, pero no puedo». ¡Qué dolor tan grande me provocaste, Charlotte! Apenas te había escuchado pronunciar dos frases y ya sabía que estaría locamente enamorado de ti el resto de mi vida. Cuando volviste a traerme la cuenta, para mi sorpresa, trajiste también un papel doblado que la acompañaba. Al abrirlo y ver que me indicabas un lugar y una hora, fui yo quien quedó estupefacto. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Secretos en el cajón.

Aprovechó la ausencia momentánea y se adentró sigilosamente en el despacho. Tenía que recuperar esos documentos, los necesitaba. Se sintió presa del pánico al oír unos pasos que se acercaban y se escondió bajo el escritorio. ¿Dónde estarían los malditos papeles? Cuando no escuchó más pisadas salió de debajo de la mesa con el objetivo de continuar su búsqueda, pero esta acción se vio interrumpida por la figura que, de pie, la contemplaba desde la puerta. “¿Puedo ayudarte?” preguntó la misteriosa persona, cuyo rostro no llegaba a distinguir la empleada. Esta se quedó paralizada, no sabía qué hacer. Si la descubrían, la despedirían al instante. Trató de decir algo, pero no se le ocurrió. Ante la aparentemente inofensiva figura que aún no se había movido para delatarla, decidió seguir buscando. Abrió todos los cajones, excepto uno que requería una llave. “¡Mierda!” exclamó frustrada. La niña, que había observado en todo momento desde la puerta, se acercó y, extendiéndole una pequeña llave plateada, le dijo “¿necesitas esto?”. La mujer se preguntó de dónde habría sacado aquella chiquilla la llave, pero necesitaba apresurarse, así que no tenía tiempo para hacer preguntas. Abrió el cajón y finalmente encontró la carpeta que buscaba, necesitaba hacer desaparecer ese informe. Sin embargo, antes de que pudiera cerrar la naveta, la niña le dijo “yo te he ayudado, ahora ayúdame tú. Mira debajo de todos los papeles y… ya sabrás qué hacer”. La mujer hizo lo que la pequeña le pedía. Sacó la última carpeta del cajón, la abrió y vio unas fotos de aquella niña, muerta. Levantó la vista para encontrarla, pensando que todo aquello sería una broma, pero había desaparecido. 

sábado, 16 de mayo de 2015

La más temprana inspiración.

       Llegó a la cafetería y se sentó en una mesa que miraba directamente a la puerta, así él la vería en cuanto apareciera. De camino a la cafetería las dudas sobre aquel acuerdo la habían invadido y pensó muy seriamente en dar la vuelta sobre sus pasos y regresar al hotel. Hacía años que no pisaba aquella ciudad, los mismos que habían pasado desde su último encuentro. Él llegaba tarde y ella pensó que había cosas que nunca cambiaban, o quizá ella llegase temprano, el cambio horario la confundía. 
    Cuando la camarera se le acercó, Ariadna pidió un café y sacó el teléfono de su bolso. Tras comprobar que no tuviera ninguna llamada o mensaje y que el móvil no estuviese silenciado, lo dejó encima de la mesa y sacó un libro. Desde que la era de la tecnología había llegado, Ariadna reivindicaba su oposición a estas, de hecho su teléfono era el aparato más básico que pudiera hallarse en el mercado. Mientras se adentraba en los mundos de Verne, él entró y se sentó en la silla que estaba frente a ella. "Hay cosas que nunca cambian" dijo sacándola de su lectura. 
     Ahí estaba. Después de al menos quince años las canas habían comenzado a aparecer en su pelo y las arrugas empezaban a reflejarse en su cara. Por alguna razón, Ariadna siempre había creído que el tiempo pasaría para todos menos para Jorge. Ya no eran aquellos jóvenes que habían emprendido una aventura marchándose de España a Buenos Aires. 
     Ella aún recordaba esos días en los que sus sueños les habían llevado a cruzar el Atlántico y se habían instalado en un pequeño apartamento a las afueras de la ciudad con la expectativa de ser grandes artistas, él anhelaba ser pintor y ella escultora. Al cabo de un año, múltiples rechazos, trabajos mal pagados y muchas discusiones, la pareja terminó por fracturarse y Ariadna decidió volver a España. 
      En aquellos años, Jorge había logrado el éxito, había llegado a hacerse un nombre en el mundo de la pintura y las únicas noticias que Ariadna había recibido de él habían sido a través de periódicos y revistas. Por este motivo, le extrañó enormemente que él la llamara dos semanas antes y le pidiera que fuera a Buenos Aires. Ella, guiada por su instinto, no dudó en coger el primer vuelo hasta allí.
- Supongo que te preguntarás la razón por la que te he llamado después de tantos años sin tener contacto - Ariadna asintió y él prosigió -. Verás, hace poco me han dado una noticia que me ha hecho mirar atrás y replantearme todo lo que he hecho. Conseguí llegar a ser quien quería ser, sí. ¿Pero a qué precio? Renuncié a lo que más me importaba para llegar hasta aquí, más bien lo perdí en el camino. 
- ¿De qué estás hablando? - interrumpió ella.
- Hace tiempo que no pinto, Ariadna. Desde que recibí la noticia. Ya nada me estimula, por eso te llamé. 
- ¿Qué tengo que ver yo con esto, Jorge?
- Quiero pintarte. Quiero que seas mi última creación. Creo que debo pintar lo que más me ha importado en la vida, antes de que llegue la hora.
- ¿De qué estás hablando? - preguntó de nuevo completamente conmocionada. 
- Me muero. Supongo que esta no es la mejor manera de decírtelo, pero no sabía cómo hacerlo. Me queda poco. Hace meses que me lo dijeron y noto como mi cuerpo va degradándose rápidamente. Ya no pinto, desde que me lo dijeron no puedo. Solo puedo pensar en cómo acabé con nosotros y en cómo disfrutaba pintándote años atrás. Por eso, tras mucho meditarlo, decidí llamarte. Necesito a mi más temprana inspiración para ser capaz de realizar mi obra maestra, un retrato de ti en tu más sencilla belleza. 
     Ariadna no daba crédito a las palabras que oía. No comprendía cómo era posible que, cuando sabía que iba a morir, a Jorge solo le preocupase pintar una última obra. Los aires de grandeza siempre lo habían acompañado, siempre había antepuesto la pintura a todo, incluso a ella, pero no creía que llegase hasta ese punto. Sin embargo, por el amor que aún le profesaba, no fue capaz de decirle que no. Lo que les había separado durante quince años, los uniría más que nunca en sus últimos días. 

viernes, 15 de mayo de 2015

Noticia II

¡Hola!

En primer lugar quiero daros las gracias a todos porque ha pasado menos de un mes desde que reabrí el blog y ¡ya hemos superado oficialmente las 3000 visitas!
También agradeceros la buena acogida que ha tenido "Blogs afiliados". Hasta el momento 26 autores con sus 28 blogs se han unido. Esta iniciativa no cierra en ningún momento, podéis uniros siempre que queráis. Para los que no la conozcáis, os explico:
Participar es muy sencillo, simplemente me tenéis que dejar aquí abajo en un comentario una descripción (personal a poder ser) que daríais de vuestro blog. La mía sería:
"Mi blog, como su nombre indica, es una especie de diario. Aunque no un diario en el que cuento mis penas y mis alegrías con esa fórmula de "querido diario..." que tanto solemos utilizar cuando somos pequeños. En lugar de esto, se trata de un lugar donde plasmo mis pensamientos, algún relato que surge en mi mente, alguna que otra vivencia y, ocasionalmente, algún poema. Para mí sería todo un placer que pasaseis por mi pequeño mundo y lo disfrutaseis conmigo" 
Además, ahora y con perspectiva de que esto siga creciendo y sea más sencillo conectar nuestros blogs, he creado un banner para que SI QUERÉIS lo pongáis en vuestro blog. Esto no es obligatorio, no es una condición para unirse, es simplemente una pequeña colaboración extra.  El código html es: 
 <a href="http://eldiariodeazarie.blogspot.com.es/p/blogs-afiliados_9.html"><img src="http://i61.tinypic.com/mimccx.png" border="0" alt="Image and video hosting by TinyPic" /></a>

¡Un saludo a todos!

Asociación blogger

¡Hola!


Hoy abro esta entrada simplemente para comunicaros que he decidido unirme a la "Asociación blogger" cuyo banner tenéis en el lateral derecho del blog. 
Esta asociación ha sido creada por varias bloggeras con la intención de ayudar a gente de otros blogs, lo cual es muy útil porque no sé vosotros, pero yo al principio tuve mil problemas para añadir los enlaces que os redirigen a mi Twitter y al otro blog.
Además, la Asociación blogger sirve de puesta en contacto con otros blogs, cosa maravillosa para los ávidos lectores como yo.
Unirse es muy sencillo, lo podéis hacer aquí: Asociación blogger


¡Un abrazo!

lunes, 11 de mayo de 2015

Estragos.


Puso la cabeza sobre su pecho. Hacía demasiado tiempo que no sentía el calor de su cuerpo contra el suyo ni podía escuchar cómo su corazón latía con una calma apaciguadora. Echaba de menos aquellos días en los que se abrazaban constantemente y abundaban las muestras de cariño, las risas por cualquier tontería y los "eres preciosa" aunque acabase de levantarse y estuviera completamente despeinada.
Los años habían causado muchos estragos en su relación y el matrimonio, junto con la llegada de los dos pequeños, los cambios de humor y el estrés constante, habían abierto una grieta enorme entre ellos. Parecía que toda conexión pasada era inexistente, no había ningún vinculo aparente además de unos papeles y unos niños que lloraban constantemente por sus peleas. Ya no tenían nada en común ni trataban de tenerlo. El ambiente de aquel hogar, si podía denominarse hogar, era nocivo para todos los que allí habitaban.
Él cada vez pasaba menos tiempo en casa y sus ausencias prolongadas solo causaban más angustia en los niños y más discusiones cada vez que él llegaba. Las sospechas de que su marido se refugiaba en los brazos de otra mujer crecían cada vez que este utilizaba la frase "hoy llegaré tarde, las cosas se han complicado en la oficina". Sin embargo, ella trataba de engañarse a sí misma o simplemente ignoraba estos pensamientos alegando que si se marchase sería algo traumático para los pequeños.  Sabía que la mentía, sabía que él ya no la quería.
Aquella noche, al poner la cabeza sobre el pecho del que años atrás había sido su apasionado amante, se percató de que, cuando ella deslizaba la mano por su torso desnudo, él ni siquiera se inmutaba, su latido permanecía completamente regular. Fue entonces cuando se dio cuenta de que en realidad no le importaba, ya no. Sabía la verdad desde mucho tiempo atrás. Aquella farsa había durado demasiado tiempo, así que se levantó, cogió a sus hijos y se marchó.





miércoles, 6 de mayo de 2015

Noticia

¡Hola!
Esta entrada está dedicada simplemente a deciros que voy a hacer unos pequeños cambios en el blog. El primero - como ya habéis visto - está a medio hacer, ya he añadido algunas pestañas en las que se puede acceder a los textos dependiendo de si son relatos, reflexiones o poesía. Además de estas tres pestañas voy a añadir dos más: la primera va a ser una presentación sobre mí para que me conozcáis un poco y la segunda, y la más importante para vosotros, va a ser una página para los blogs afiliados. Para que yo pueda realizar esta labor de los blogs afiliados, siguiendo la labor de http://viajandoatravesdelespejo.blogspot.com.es/  necesito vuestra colaboración. Podéis dejar aquí abajo en un comentario vuestro blog y una presentación personal del mismo si os interesa aparecer en esta publicación.
Espero que os interese.
¡Un saludo a todos!

sábado, 2 de mayo de 2015

Relato de terror

Estaba cubierta por el polvo. Podía apreciarse que nadie se había sentado en aquella vieja mecedora durante años, pero aún podía palparse el sentimiento que la impregnaba. Gala recordaba a su abuela allí sentada a diario cosiendo prendas rotas o tejiendo bufandas para el invierno. Cuando la abuela hubo fallecido, su madre se empecinó en sacar aquella silla del salón y dejarla abandonada a su suerte en aquel húmedo desván, pero cuando su madre se fue aquel día, Gala decidió recuperar la mecedora y colocarla en su habitación, a pesar de la escasez de espacio que allí había. Cuando trató de levantarla no fue capaz, pesaba más de lo que recordaba, así que la arrastró sobre la ruidosa madera del desván que crujía a cada paso que daba. Al llegar a la habitación se paró durante unos segundos a contemplarla y acto seguido se dispuso a quitar el polvo que la cubría. En el momento que hubo acabado de limpiarla, aquella mecedora parecía otra completamente nueva. Gala se sentó en ella y se balanceó, en apenas unos minutos se durmió. Se despertó ya acaecida la noche y se preguntó si ya habría llegado su madre. Salió de la habitación en su búsqueda, nadie había llegado aún. Se dirigió a la cocina, la oscuridad se había hecho dueña del lugar. Encendió la luz de la estancia, pero esta tintineaba. Su madre, al igual que había hecho su abuela anteriormente, tenía por costumbre dejar notas pegadas en la nevera, así que comprobó si  le había dejado un mensaje allí. Gala se sobresaltó cuando una rama de un árbol golpeó la ventana. En el exterior llovía a raudales y había vientos casi huracanados. Durante un momento la ausencia de su madre la inquietó y decidió comprobar los mensajes del contestador de la casa, tampoco había ninguno. Se fue a su habitación y se recostó en la cama acompañada por un libro que había adquirido la tarde anterior. La bibliotecaria la había mirado extrañada cuando lo cogió y había añadido que nadie había cogido ese libro en años. Gala se hallaba inmersa en la lectura cuando alguien comenzó a llamar insistentemente a la puerta, bajó las escaleras con el pensamiento de que probablemente fuera su madre que había olvidado las llaves. 
Para su sorpresa cuando abrió la puerta no había nadie allí. Pensó que había sido producto de su imaginación. Entonces, en el momento que iba a cerrar la puerta, vislumbró algo a pocos metros de la casa. Cogió el abrigo que estaba colgado junto a la puerta y salió para indagar qué era aquello. Encontró un pequeño cachorro que gemía porque se había herido la pata, lo recogió y entró con el animal en la casa. Secó al pobre y empapado animal y lo subió con ella a su habitación. Seguía inquieta, a la espera de alguna noticia de su madre. Comprobó su móvil, pero no tenía cobertura, Gala lo achacó a la tormenta.
Las horas pasaban y cada vez se angustiaba más, no era normal que su madre tardase tanto en llegar de trabajar. Empezó a pensar que con el temporal que hacía fuera podría haber tenido un accidente de coche, empezó a pensar lo peor. Las ramas de los árboles golpearon de nuevo la ventana y el cachorro se escondió entre los brazos de Gala. Los relámpagos eran la única iluminación del exterior, el cielo estaba completamente oscuro. Los truenos sonaban y el cachorrito se asustaba más y más, ella trataba de calmarlo, pero la tormenta se hacía cada vez más fuerte e incluso ella comenzaba a asustarse.
La luz se apagó, ya no había corriente eléctrica. Gala con el cachorro en una mano y su móvil en la otra a modo de linterna, trató de abrirse paso hasta la sala de estar donde su madre guardaba las velas. No había terminado de bajar las escaleras cuando se escuchó el sonido de la puerta de entrada cerrándose de golpe. «¿Mamá?» llamó, pero no obtuvo respuesta. Su corazón palpitaba cada vez con más intensidad y su paso, cada vez más temeroso, había descendido de velocidad. Una sensación de inseguridad y temor la invadió. «¿Mamá? ¿Estás ahí?» volvió a llamar, con la esperanza de que el ruido hubiera sido su madre y ésta no hubiese oído su primer llamado. Algo cayó contra el suelo cerca de la entrada. Gala retrocedió y, calmadamente, tratando de no haber ruido y sin desviar la mirada de la primera planta, volvió escaleras arriba. Escuchaba los pasos acercándose, eran pesados, definitivamente no eran los de su madre. Su respiración se aceleraba a la vez que ella intentaba conservar la calma. Alcanzó la cumbre de las escaleras y, una vez estuvo en la segunda planta, echó a correr hacia su habitación y se encerró. Ya no se oían los pasos o quizá no podía oírlos por la sonoridad de sus palpitaciones.


El silencio se apoderó de la casa. Entonces el viento volvió a estrellar las ramas del árbol contra la ventana, esta vez con tal intensidad que el cristal acabó por quebrarse. El silencio se fragmentó a la vez que el cristal. Gala no estaba sola en aquella casa, ni siquiera en aquella habitación. La puerta del armario comenzó a abrirse lentamente, las bisagras chirriaban, pero Gala no veía nada. Otro relámpago iluminó el cielo y, en una fracción de segundo, vio lo que había en su armario. Era su madre o, al menos, lo que quedaba de ella. La imagen la aterrorizó, tenía los ojos muy abiertos, las cuencas estaban vacías. «¿Te gusta mi regalo?» le susurró una voz a su oído derecho. Fue lo último que escuchó. 
Cuando las encontraron, el perro, sentado en la mecedora, custodiaba con gran celo los ojos de la que, por querer ayudarlo, había caído en la trampa de su dueño y había muerto.

jueves, 30 de abril de 2015

Distancia

    Distancia. Esta palabra la utilizamos muchas veces como excusa o pretexto para decir que algo no puede ser. Solemos decir que "x" kilómetros nos separan de alguien. Sin embargo, la distancia no solo se refiere al espacio geográfico, sino que también tiene que ver con lo próximo que se es a otra persona íntimamente. Cuando decimos que nos hemos distanciado de alguien de nuestra vida, no significa necesariamente que hayamos puesto kilómetros en medio, sino que ya no tenemos una amistad tan cercana o un amor tan fuerte. Este es el motivo de que dos personas que viven en el mismo pueblo puedan decir "nos distanciamos". Es un producto de la magia del lenguaje, como cualquier otro.
    Y claro, rompemos relaciones, establecemos otras nuevas. Cambiamos, cambian, ponemos excusas y ellos las ponen. Al final nos distanciamos, pasan los años y nuestras vidas ya no son las mismas. Esos amigos que creías que iban a ser para toda la vida ya no están y llegan otros nuevos que no sabes si durarán. Es un producto de la magia de la vida. 
    Parece frío llamarlo magia de la vida como si fuese positivo que la gente pase por nuestras vidas como algo pasajero y que luego quede un simple recuerdo o, a veces, ni siquiera ese recuerdo. Sin embargo, no es pasajero, por eso lo llamo así. No es pasajero porque esas personas, incluso las que no nos han parecido tan importantes, han ejercido algún cambio en el curso de las cosas. Si no hubieras conocido a tal persona, quizá no habrías conocido a otras o quizá no habrías descubierto algo que ahora adoras hacer o no estarías leyendo este texto en este momento. Pero quizá no estarías haciendo esto o aquello si no te hubieras distanciado de esa persona, he aquí la doble cara del asunto. 
    La distancia, ese producto mágico del lenguaje, esa excusa que nos inventamos para no culparnos a nosotros mismos de no haber mantenido la fuerza en una relación, de no haberla cuidado, es lo que hace tan mágica la vida. 

martes, 28 de abril de 2015

Perdición.

Las horas pasaban y, mientras la noche se sumergía más en la penumbra, tú te aferrabas a una copa de whisky barato, de esas que saben mal e incluso revuelven tu estómago. Rememorabas viejos tiempos, todas batallas perdidas y, las menos, algunas ganadas. 
Los años de guerra habían sido duros, habías visto cosas horribles que el alcohol no lograba eliminar. Las mujeres que pasaron por tu cama sabían que no te podrían enamorar, que la historia no iba a durar.  Ellas se marchaban y tú te quedabas en soledad, añorando el cariño y el calor efímero que aquellas te proporcionaban. 
Estabas perdido, cada vez más hundido, querías hallar algo en lo que creer. Sin embargo no encontrabas qué. Dios había muerto en tus pensamientos, la guerra lo había matado junto a muchos de tus compañeros, y no creías en nada. La fe había muerto. Quisiste creer en la familia, pero no la tenías. La guerra, otra guerra, se los había llevado a ellos antes que a tus compañeros. 
Buscaste refugio en los brazos de más mujeres y de más botellas de indiscriminados alcoholes. Lo que al principio era un refugio tornó en adicción y ya no podías salir de ahí. 
Tu cuerpo comenzó a llenarse de cicatrices que no recordabas cómo habían llegado ahí. Las peleas en los bares y después en las calles. Tus manos llenas de cortes y cristales incrustados de tantos vasos rotos por la rabia que te llenaba al mismo tiempo que la botella se vaciaba. 
Muchos trataron de salvarte, pero acabaste por desaparecer. La gente se preguntaba si estarías mendigando por otro whisky barato en algún bar o en alguna calle tirado, o si estarías muerto y nadie lo sabía. Pero el que conocieron no existía, era la sombra de alguien que había muerto mucho antes, alguien a quien las guerras habían aniquilado. Tú lo sabías, sabías que ya no eras ni siquiera un reflejo distorsionado de quien habías sido y, mucho menos de quien habías querido ser. Por eso no lo dudaste y saltaste. Sentiste el frío metal de las vías antes de que todo se apagase y, supiste entonces, que el calvario había terminado. 

lunes, 27 de abril de 2015

Décima

Paso acelerado,
calles abarrotadas,
vidas resquebrajadas,
otro enamorado.
¡Trágico ilusionado!
Sabe que ha perdido.
Todo lo ha querido:
risa, amor, pasión,
besos con devoción...
y nada ha obtenido


domingo, 26 de abril de 2015

Romanticismo.

Antes me encantaba escribir textos en los que primaba el romanticismo, textos cargados de palabras que quizá pudieran conmover a un lector medio. Textos llenos de letras, pero vacíos de sentimientos. Textos en los que un ideal amoroso te lleva a escribir desenfranadamente, pero que cuando los lees piensas "yo no soy así".
No soy romántica. Soy capaz de pronunciar un cúmulo de palabras bonitas carentes de originalidad, de las que escuchas en las películas o lees en los libros. Esas frases que suenan tan bonitas cuando las dice otro y tan falsas cuando tú las pronuncias. Y sabes que suenan falsas no porque tú no tengas esos sentimientos, sino porque son las palabras de otro. No son las tuyas y por eso nunca, aunque se aproximen, van a expresar con exactitud tus sentimientos. Ni siquiera tus propias palabras serían capaces de expresarlos, porque los sentimientos en palabras se pierden, queda quizá un rastro del sentido que tenían en tu mente, pero no tienen la misma pureza. Y es que los sentimientos no se dicen, los sentimientos se muestran. Se muestran con una mirada, con una caricia, con el roce suave contra los labios de quien amas, pero nunca con palabras. Las palabras son fugaces y están vacías, no son más que un conjunto de letras que con otro orden tienen otro significado. ¿Qué pasa si cambias el orden? Amor se convierte en Roma, se convierte en armo, se convierte en mora. ¿Qué pasa si cambiamos de idioma? Amor, amour, love, lieben, amore... En cambio el sentimiento, qué palabra tan bonita y tan abstracta, este es el mismo sin importar el idioma. Un beso, una caricia, una mirada, un suspiro, eso no cambia.
El amor es más complejo que las palabras.

Esta es la razón por la que ya no me gustan esos textos en los que prima el romanticismo. La cursilería ya no me conmueve. Necesito que vaya más lejos de las palabras, pues solamente estas no pueden capturar ni un pequeño pedazo de mi alma.