miércoles, 20 de mayo de 2015

Secretos en el cajón.

Aprovechó la ausencia momentánea y se adentró sigilosamente en el despacho. Tenía que recuperar esos documentos, los necesitaba. Se sintió presa del pánico al oír unos pasos que se acercaban y se escondió bajo el escritorio. ¿Dónde estarían los malditos papeles? Cuando no escuchó más pisadas salió de debajo de la mesa con el objetivo de continuar su búsqueda, pero esta acción se vio interrumpida por la figura que, de pie, la contemplaba desde la puerta. “¿Puedo ayudarte?” preguntó la misteriosa persona, cuyo rostro no llegaba a distinguir la empleada. Esta se quedó paralizada, no sabía qué hacer. Si la descubrían, la despedirían al instante. Trató de decir algo, pero no se le ocurrió. Ante la aparentemente inofensiva figura que aún no se había movido para delatarla, decidió seguir buscando. Abrió todos los cajones, excepto uno que requería una llave. “¡Mierda!” exclamó frustrada. La niña, que había observado en todo momento desde la puerta, se acercó y, extendiéndole una pequeña llave plateada, le dijo “¿necesitas esto?”. La mujer se preguntó de dónde habría sacado aquella chiquilla la llave, pero necesitaba apresurarse, así que no tenía tiempo para hacer preguntas. Abrió el cajón y finalmente encontró la carpeta que buscaba, necesitaba hacer desaparecer ese informe. Sin embargo, antes de que pudiera cerrar la naveta, la niña le dijo “yo te he ayudado, ahora ayúdame tú. Mira debajo de todos los papeles y… ya sabrás qué hacer”. La mujer hizo lo que la pequeña le pedía. Sacó la última carpeta del cajón, la abrió y vio unas fotos de aquella niña, muerta. Levantó la vista para encontrarla, pensando que todo aquello sería una broma, pero había desaparecido. 

sábado, 16 de mayo de 2015

La más temprana inspiración.

       Llegó a la cafetería y se sentó en una mesa que miraba directamente a la puerta, así él la vería en cuanto apareciera. De camino a la cafetería las dudas sobre aquel acuerdo la habían invadido y pensó muy seriamente en dar la vuelta sobre sus pasos y regresar al hotel. Hacía años que no pisaba aquella ciudad, los mismos que habían pasado desde su último encuentro. Él llegaba tarde y ella pensó que había cosas que nunca cambiaban, o quizá ella llegase temprano, el cambio horario la confundía. 
    Cuando la camarera se le acercó, Ariadna pidió un café y sacó el teléfono de su bolso. Tras comprobar que no tuviera ninguna llamada o mensaje y que el móvil no estuviese silenciado, lo dejó encima de la mesa y sacó un libro. Desde que la era de la tecnología había llegado, Ariadna reivindicaba su oposición a estas, de hecho su teléfono era el aparato más básico que pudiera hallarse en el mercado. Mientras se adentraba en los mundos de Verne, él entró y se sentó en la silla que estaba frente a ella. "Hay cosas que nunca cambian" dijo sacándola de su lectura. 
     Ahí estaba. Después de al menos quince años las canas habían comenzado a aparecer en su pelo y las arrugas empezaban a reflejarse en su cara. Por alguna razón, Ariadna siempre había creído que el tiempo pasaría para todos menos para Jorge. Ya no eran aquellos jóvenes que habían emprendido una aventura marchándose de España a Buenos Aires. 
     Ella aún recordaba esos días en los que sus sueños les habían llevado a cruzar el Atlántico y se habían instalado en un pequeño apartamento a las afueras de la ciudad con la expectativa de ser grandes artistas, él anhelaba ser pintor y ella escultora. Al cabo de un año, múltiples rechazos, trabajos mal pagados y muchas discusiones, la pareja terminó por fracturarse y Ariadna decidió volver a España. 
      En aquellos años, Jorge había logrado el éxito, había llegado a hacerse un nombre en el mundo de la pintura y las únicas noticias que Ariadna había recibido de él habían sido a través de periódicos y revistas. Por este motivo, le extrañó enormemente que él la llamara dos semanas antes y le pidiera que fuera a Buenos Aires. Ella, guiada por su instinto, no dudó en coger el primer vuelo hasta allí.
- Supongo que te preguntarás la razón por la que te he llamado después de tantos años sin tener contacto - Ariadna asintió y él prosigió -. Verás, hace poco me han dado una noticia que me ha hecho mirar atrás y replantearme todo lo que he hecho. Conseguí llegar a ser quien quería ser, sí. ¿Pero a qué precio? Renuncié a lo que más me importaba para llegar hasta aquí, más bien lo perdí en el camino. 
- ¿De qué estás hablando? - interrumpió ella.
- Hace tiempo que no pinto, Ariadna. Desde que recibí la noticia. Ya nada me estimula, por eso te llamé. 
- ¿Qué tengo que ver yo con esto, Jorge?
- Quiero pintarte. Quiero que seas mi última creación. Creo que debo pintar lo que más me ha importado en la vida, antes de que llegue la hora.
- ¿De qué estás hablando? - preguntó de nuevo completamente conmocionada. 
- Me muero. Supongo que esta no es la mejor manera de decírtelo, pero no sabía cómo hacerlo. Me queda poco. Hace meses que me lo dijeron y noto como mi cuerpo va degradándose rápidamente. Ya no pinto, desde que me lo dijeron no puedo. Solo puedo pensar en cómo acabé con nosotros y en cómo disfrutaba pintándote años atrás. Por eso, tras mucho meditarlo, decidí llamarte. Necesito a mi más temprana inspiración para ser capaz de realizar mi obra maestra, un retrato de ti en tu más sencilla belleza. 
     Ariadna no daba crédito a las palabras que oía. No comprendía cómo era posible que, cuando sabía que iba a morir, a Jorge solo le preocupase pintar una última obra. Los aires de grandeza siempre lo habían acompañado, siempre había antepuesto la pintura a todo, incluso a ella, pero no creía que llegase hasta ese punto. Sin embargo, por el amor que aún le profesaba, no fue capaz de decirle que no. Lo que les había separado durante quince años, los uniría más que nunca en sus últimos días. 

viernes, 15 de mayo de 2015

Noticia II

¡Hola!

En primer lugar quiero daros las gracias a todos porque ha pasado menos de un mes desde que reabrí el blog y ¡ya hemos superado oficialmente las 3000 visitas!
También agradeceros la buena acogida que ha tenido "Blogs afiliados". Hasta el momento 26 autores con sus 28 blogs se han unido. Esta iniciativa no cierra en ningún momento, podéis uniros siempre que queráis. Para los que no la conozcáis, os explico:
Participar es muy sencillo, simplemente me tenéis que dejar aquí abajo en un comentario una descripción (personal a poder ser) que daríais de vuestro blog. La mía sería:
"Mi blog, como su nombre indica, es una especie de diario. Aunque no un diario en el que cuento mis penas y mis alegrías con esa fórmula de "querido diario..." que tanto solemos utilizar cuando somos pequeños. En lugar de esto, se trata de un lugar donde plasmo mis pensamientos, algún relato que surge en mi mente, alguna que otra vivencia y, ocasionalmente, algún poema. Para mí sería todo un placer que pasaseis por mi pequeño mundo y lo disfrutaseis conmigo" 
Además, ahora y con perspectiva de que esto siga creciendo y sea más sencillo conectar nuestros blogs, he creado un banner para que SI QUERÉIS lo pongáis en vuestro blog. Esto no es obligatorio, no es una condición para unirse, es simplemente una pequeña colaboración extra.  El código html es: 
 <a href="http://eldiariodeazarie.blogspot.com.es/p/blogs-afiliados_9.html"><img src="http://i61.tinypic.com/mimccx.png" border="0" alt="Image and video hosting by TinyPic" /></a>

¡Un saludo a todos!

Asociación blogger

¡Hola!


Hoy abro esta entrada simplemente para comunicaros que he decidido unirme a la "Asociación blogger" cuyo banner tenéis en el lateral derecho del blog. 
Esta asociación ha sido creada por varias bloggeras con la intención de ayudar a gente de otros blogs, lo cual es muy útil porque no sé vosotros, pero yo al principio tuve mil problemas para añadir los enlaces que os redirigen a mi Twitter y al otro blog.
Además, la Asociación blogger sirve de puesta en contacto con otros blogs, cosa maravillosa para los ávidos lectores como yo.
Unirse es muy sencillo, lo podéis hacer aquí: Asociación blogger


¡Un abrazo!

lunes, 11 de mayo de 2015

Estragos.


Puso la cabeza sobre su pecho. Hacía demasiado tiempo que no sentía el calor de su cuerpo contra el suyo ni podía escuchar cómo su corazón latía con una calma apaciguadora. Echaba de menos aquellos días en los que se abrazaban constantemente y abundaban las muestras de cariño, las risas por cualquier tontería y los "eres preciosa" aunque acabase de levantarse y estuviera completamente despeinada.
Los años habían causado muchos estragos en su relación y el matrimonio, junto con la llegada de los dos pequeños, los cambios de humor y el estrés constante, habían abierto una grieta enorme entre ellos. Parecía que toda conexión pasada era inexistente, no había ningún vinculo aparente además de unos papeles y unos niños que lloraban constantemente por sus peleas. Ya no tenían nada en común ni trataban de tenerlo. El ambiente de aquel hogar, si podía denominarse hogar, era nocivo para todos los que allí habitaban.
Él cada vez pasaba menos tiempo en casa y sus ausencias prolongadas solo causaban más angustia en los niños y más discusiones cada vez que él llegaba. Las sospechas de que su marido se refugiaba en los brazos de otra mujer crecían cada vez que este utilizaba la frase "hoy llegaré tarde, las cosas se han complicado en la oficina". Sin embargo, ella trataba de engañarse a sí misma o simplemente ignoraba estos pensamientos alegando que si se marchase sería algo traumático para los pequeños.  Sabía que la mentía, sabía que él ya no la quería.
Aquella noche, al poner la cabeza sobre el pecho del que años atrás había sido su apasionado amante, se percató de que, cuando ella deslizaba la mano por su torso desnudo, él ni siquiera se inmutaba, su latido permanecía completamente regular. Fue entonces cuando se dio cuenta de que en realidad no le importaba, ya no. Sabía la verdad desde mucho tiempo atrás. Aquella farsa había durado demasiado tiempo, así que se levantó, cogió a sus hijos y se marchó.





miércoles, 6 de mayo de 2015

Noticia

¡Hola!
Esta entrada está dedicada simplemente a deciros que voy a hacer unos pequeños cambios en el blog. El primero - como ya habéis visto - está a medio hacer, ya he añadido algunas pestañas en las que se puede acceder a los textos dependiendo de si son relatos, reflexiones o poesía. Además de estas tres pestañas voy a añadir dos más: la primera va a ser una presentación sobre mí para que me conozcáis un poco y la segunda, y la más importante para vosotros, va a ser una página para los blogs afiliados. Para que yo pueda realizar esta labor de los blogs afiliados, siguiendo la labor de http://viajandoatravesdelespejo.blogspot.com.es/  necesito vuestra colaboración. Podéis dejar aquí abajo en un comentario vuestro blog y una presentación personal del mismo si os interesa aparecer en esta publicación.
Espero que os interese.
¡Un saludo a todos!

sábado, 2 de mayo de 2015

Relato de terror

Estaba cubierta por el polvo. Podía apreciarse que nadie se había sentado en aquella vieja mecedora durante años, pero aún podía palparse el sentimiento que la impregnaba. Gala recordaba a su abuela allí sentada a diario cosiendo prendas rotas o tejiendo bufandas para el invierno. Cuando la abuela hubo fallecido, su madre se empecinó en sacar aquella silla del salón y dejarla abandonada a su suerte en aquel húmedo desván, pero cuando su madre se fue aquel día, Gala decidió recuperar la mecedora y colocarla en su habitación, a pesar de la escasez de espacio que allí había. Cuando trató de levantarla no fue capaz, pesaba más de lo que recordaba, así que la arrastró sobre la ruidosa madera del desván que crujía a cada paso que daba. Al llegar a la habitación se paró durante unos segundos a contemplarla y acto seguido se dispuso a quitar el polvo que la cubría. En el momento que hubo acabado de limpiarla, aquella mecedora parecía otra completamente nueva. Gala se sentó en ella y se balanceó, en apenas unos minutos se durmió. Se despertó ya acaecida la noche y se preguntó si ya habría llegado su madre. Salió de la habitación en su búsqueda, nadie había llegado aún. Se dirigió a la cocina, la oscuridad se había hecho dueña del lugar. Encendió la luz de la estancia, pero esta tintineaba. Su madre, al igual que había hecho su abuela anteriormente, tenía por costumbre dejar notas pegadas en la nevera, así que comprobó si  le había dejado un mensaje allí. Gala se sobresaltó cuando una rama de un árbol golpeó la ventana. En el exterior llovía a raudales y había vientos casi huracanados. Durante un momento la ausencia de su madre la inquietó y decidió comprobar los mensajes del contestador de la casa, tampoco había ninguno. Se fue a su habitación y se recostó en la cama acompañada por un libro que había adquirido la tarde anterior. La bibliotecaria la había mirado extrañada cuando lo cogió y había añadido que nadie había cogido ese libro en años. Gala se hallaba inmersa en la lectura cuando alguien comenzó a llamar insistentemente a la puerta, bajó las escaleras con el pensamiento de que probablemente fuera su madre que había olvidado las llaves. 
Para su sorpresa cuando abrió la puerta no había nadie allí. Pensó que había sido producto de su imaginación. Entonces, en el momento que iba a cerrar la puerta, vislumbró algo a pocos metros de la casa. Cogió el abrigo que estaba colgado junto a la puerta y salió para indagar qué era aquello. Encontró un pequeño cachorro que gemía porque se había herido la pata, lo recogió y entró con el animal en la casa. Secó al pobre y empapado animal y lo subió con ella a su habitación. Seguía inquieta, a la espera de alguna noticia de su madre. Comprobó su móvil, pero no tenía cobertura, Gala lo achacó a la tormenta.
Las horas pasaban y cada vez se angustiaba más, no era normal que su madre tardase tanto en llegar de trabajar. Empezó a pensar que con el temporal que hacía fuera podría haber tenido un accidente de coche, empezó a pensar lo peor. Las ramas de los árboles golpearon de nuevo la ventana y el cachorro se escondió entre los brazos de Gala. Los relámpagos eran la única iluminación del exterior, el cielo estaba completamente oscuro. Los truenos sonaban y el cachorrito se asustaba más y más, ella trataba de calmarlo, pero la tormenta se hacía cada vez más fuerte e incluso ella comenzaba a asustarse.
La luz se apagó, ya no había corriente eléctrica. Gala con el cachorro en una mano y su móvil en la otra a modo de linterna, trató de abrirse paso hasta la sala de estar donde su madre guardaba las velas. No había terminado de bajar las escaleras cuando se escuchó el sonido de la puerta de entrada cerrándose de golpe. «¿Mamá?» llamó, pero no obtuvo respuesta. Su corazón palpitaba cada vez con más intensidad y su paso, cada vez más temeroso, había descendido de velocidad. Una sensación de inseguridad y temor la invadió. «¿Mamá? ¿Estás ahí?» volvió a llamar, con la esperanza de que el ruido hubiera sido su madre y ésta no hubiese oído su primer llamado. Algo cayó contra el suelo cerca de la entrada. Gala retrocedió y, calmadamente, tratando de no haber ruido y sin desviar la mirada de la primera planta, volvió escaleras arriba. Escuchaba los pasos acercándose, eran pesados, definitivamente no eran los de su madre. Su respiración se aceleraba a la vez que ella intentaba conservar la calma. Alcanzó la cumbre de las escaleras y, una vez estuvo en la segunda planta, echó a correr hacia su habitación y se encerró. Ya no se oían los pasos o quizá no podía oírlos por la sonoridad de sus palpitaciones.


El silencio se apoderó de la casa. Entonces el viento volvió a estrellar las ramas del árbol contra la ventana, esta vez con tal intensidad que el cristal acabó por quebrarse. El silencio se fragmentó a la vez que el cristal. Gala no estaba sola en aquella casa, ni siquiera en aquella habitación. La puerta del armario comenzó a abrirse lentamente, las bisagras chirriaban, pero Gala no veía nada. Otro relámpago iluminó el cielo y, en una fracción de segundo, vio lo que había en su armario. Era su madre o, al menos, lo que quedaba de ella. La imagen la aterrorizó, tenía los ojos muy abiertos, las cuencas estaban vacías. «¿Te gusta mi regalo?» le susurró una voz a su oído derecho. Fue lo último que escuchó. 
Cuando las encontraron, el perro, sentado en la mecedora, custodiaba con gran celo los ojos de la que, por querer ayudarlo, había caído en la trampa de su dueño y había muerto.